martes, 11 de marzo de 2014

Resumen del Mundial de Fórmula 1 2013: Cuartas partes nunca fueron buenas... ¿o sí? (I)


Existe, en los aficionados al bello arte del celuloide (no así en las productoras yankees, que exprimen la gallina de los huevos de oro hasta que sólo producen cobre), un profundo desdén hacia aquellas películas que deciden prolongar sus historias más de lo necesario con nuevas e innecesarias entregas, cuya calidad deja mucho que desear. Más todavía si hablamos de aquellas que se perpetúan más allá de una simple trilogía. Aunque, como en todo, hay excepciones (Star Wars IV: Una Nueva Esperanza es una obra maestra, aunque en realidad fuera la 1ª; la auténtica 4ª entrega, La Amenaza Fantasma, pues...), hay muchos ejemplos de secuelas truño: Arma Letal 4, Indiana Jones y el Templo de la Calavera de Cristal, La Jungla 4.0, John Rambo, Rocky IV, Terminator Salvation, Torrente 4... A lo que iba: lo mucho cansa y lo poco aburre, en todos los aspectos de la vida, y creo que no me equivoco si asevero que la parte final de la pasada temporada fue un gigantesco bostezo  de hastío que transcurrió entre agosto y noviembre, cuando Sebastian Vettel impuso la ley marcial sobre el primer cajón del podio imponiéndose en las últimas 9 pruebas del año y coronándose un año más campeón, ante la impotencia de sus rivales. Por supuesto, ocurrieron muchas más cosas durante su periodo tiránico, y muchas más cuando, simplemente, era líder del Mundial. El último año de los motores V8 dio de que hablar, vaya si lo hizo...


La temporada comenzaba con grandes expectativas. Ferrari se preparaba para asaltar el trono del alemán y llevar a cabo una terrible vendetta por los sucesos de Interlagos, allá por noviembre de 2012, cuando Sebastian Vettel dejó por segunda vez a Fernando Alonso a las puertas de catar su tercera corona. Nada hacía presagiar un cambio radical, pero ya se vislumbraba el cambio de roles entre Mercedes y McLaren que reinaría toda la temporada. Lotus, con Räikkönen al frente, marcó la primera muesca en las antípodas. El finlandés quería abandonar su rol de actor secundario, imponiéndose a los 'protas de la peli', Alonso y Vettel. No tardarían en recuperar el protagonismo. En una controvertidísima (y divertidísima) carrera en Malasia, Mark Webber fue doblegado por unas poco precisas órdenes de equipo que traerían cola todo el año y un audaz y veloz coequipier que entendió antes que nadie que, en este negocio, tu compañero es tu primer rival. Algo que desde Mercedes no le permitieron comprobar a Nico Rosberg, ya que Mercedes si aplicó a rajatabla su particular 'Multi 21' a favor de Lewis Hamilton por miedo a perder un podio seguro... O quizá por repetir viejos vicios. De repente, el fantasma de Schumi se paseó en los coches de su reciente ex-equipo. De repente, Ross Brawn rejuveneció 10 años. Quién seguramente envejeció esos 10 años, pero del susto, fue Fernando Alonso. Partía en una prometedora tercera posición, y parecía la única amenaza real a unos Red Bull que iban de lujo en Sepang. Un asfalto ligeramente mojado, un ligero toque con Vettel. Un gran daño en el monoplaza, un gran error el de no entrar a boxes confiando en más lluvia. Lo que acabó con Alonso en la grava al desprenderse su alerón a final de recta a más de 300 km/h. Para teñir una muda limpia, y no precisamente de blanco... Vettel recuperaba el liderato del Mundial a manos de un Räikkönen que pasó de forma discreta por Kuala Lumpur, a diferencia de otros años, sin pantalones cortos ni helados de por medio. Todos pensaban (o querían pensar) que sería un liderato breve por parte del tricampeón. Ilusos...


En la tercera prueba del año, comenzó a vislumbrarse una tendencia que terminaría por marcar el campeonato: el terrible desgaste de neumáticos de Mercedes, un coche que era un cohete en clasificación, especialmente en manos de Lewis Hamilton, pero cuyas carreras se deshacían mientras la carretera se llenaba con los restos de sus destrozadas ruedas. Lewis logró la pole, pero no fue rival para Fernando Alonso, que se redimió imponiéndose con autoridad en el circuito de Shanghai, doble adelantamiento a Vettel incluido. Por detrás, el sempiterno Räikkönen y Hamilton, que aguantó las embestidas de Vettel, quien a su vez, en un hecho insólito, sacrificó la clasificación para tener más opciones en carrera. En Milton Keynes también trinaban con las ruedas de Pirelli. A todo ésto, Webber, en un cúmulo de despropósitos increíble, se quedó tirado en clasificación y una de sus ruedas se salió en carrera tras un pit stop. Ver para creer.

Bahrein fue más de lo mismo para Mercedes, no así para el resto. Rosberg logró la pole, pero solo duró 2 vueltas en cabeza y acabó noveno. Hamilton bastante tuvo con lograr una buena posición. Los Pirelli ya habían avisado de su futuro protagonismo con extraños reventones achacados a fallos de diseño... Sebastian Vettel firmó un fantástico inicio de carrera y apenas pasó apuros, ni siquiera cuando Räikkönen se le echó brevemente encima. Lotus avanzó desde media parrilla para completar el podio y postularse como una alternativa real. Alonso, por su parte, tuvo la segunda señal de que éste no sería su año cuando su DRS se quedó bloqueado por partida doble. Tuvo que recuperar puestos sin ese extra de velocidad y fue capaz de acabar séptimo. Divertida fue también la guerra en McLaren entre Pérez y Button, que batallaron como si el título estuviera en juego. La realidad dictaba otra cosa: un "annus horribilis" de McLaren que terminó por consumarse.



El gran circo inició tras ésto su periplo europeo en tierras hispánicas, donde el comandante Alonso, al frente de su regimiento, conquistó Montmeló con un memorable adelantamiento en la curva 3 por el exterior a Kimi Räikkönen y Lewis Hamilton y un endiablado ritmo de carrera que nada se parecía al mostrado en clasificación. Todo lo contrario que las huestes germánicas, que se hundieron en el fango barcelonés. De nuevo, Rosberg vió como su incontestable pole position se convertía en un triste 6º puesto. Peor le fue al bueno de Hamilton, incapaz de lidiar con su montura y que acabó doblado y fuera de los puntos tras partir en primera linea. Una vez más, era Kimi el hombre al acecho del líder, secundado por Felipe Massa, cuya posición de podio confirmaba el gran momento de la Scuderia. No duraría mucho. Red Bull, por su parte, se vió lastrada por sus dificultades para hacer funcionar los nuevos compuestos, acabando ambos pilotos a las puertas del podio.

Con Mónaco en el horizonte inmediato, Mercedes hizo saltar la banca con un test secreto en el trazado barcelonés, que, en realidad, no era tan secreto, ya que contaba con un oscurantista y nada claro beneplácito de FIA y Pirelli. Nunca se sabrá cuál fue la ventaja real que obtuvo Mercedes de ese test. Lo cierto es que Mónaco se presumía como su prueba fetiche, donde una pole prácticamente significaba el triunfo. Y así fue. Nico Rosberg logró su tercera pole consecutiva y, esta vez si, la convirtió en una magnífica victoria, su primera vez en el Principado, emulando a su padre. Hamilton no supo cumplir esta vez con su función de escudero y fue rebasado por ambos Red Bull, Vettel al mando, por un inoportuno Safety Car que obligó a ambos Mercedes a entrar en boxes a la vez. El causante, Felipe Massa. El brasileño culminó un fin de semana para olvidar de Ferrari con dos accidentes muy violentos y casi idénticos en clasificación y carrera en Santa Devota. A Alonso no le fue mucho mejor. El asturiano cuajó probablemente el peor Gran Premio que se le recuerda: partió desde la sexta posición a pesar de ser candidato a la pole, fue incapaz de seguir en ningún momento el ritmo de Räikkönen, fue sobrepasado en pista por Pérez (increíble el mexicano, quizá demasiado pasado de vueltas), Sutil (bestial adelantamiento en la horquilla de Loews) y Button (por fuera en la estrecha Rascasse), y acabó siendo presionado en las últimas vueltas por coches de media parrilla. La fogosidad de Pérez (que casi deja sin puntos a Räikkönen de no ser por una última vuelta memorable en la que adelantó a 6 coches) le permitió cruzar la bandera a cuadros séptimo. Y gracias.


En Canadá, se respaldó mucho de lo visto en Mónaco. Es casi un circuito urbano también, decían los que no creían en el bajón de Ferrari. Bah... No sólo eso: Red Bull dió un paso adelante de nuevo en clasificación, y Vettel fue capaz de arrebatarle la pole a Hamilton. Dicha clasificación se vió algo alterada por un ligero chirimiri, y nos dejó el sorpresón de Valtteri Bottas, que puso en tercera posición a uno de los Williams más miserables de la historia. Al pobre le pasó hasta el apuntador en carrera y acabó fuera de los puntos... Seb consiguió una plácida victoria, tal es así que incluso se permitió un par de errores. Alonso, amparado en un ritmo vuelta a vuelta infernal, mantuvo preciosas batallas con Webber (aún se estará acordando de la madre de Van der Garde, que arruinó su carrera bloqueándole en vez de dejarle pasar) y, especialmente, con Hamilton, saliendo ganador en ambas, y convirtiendo su sexto puesto de salida en un genial 2º. Lewis completó el podio. Un buen espectáculo, pero ensombrecido por la desafortunada muerte de un comisario de pista, que fue accidentalmente atropellado por la grúa que transportaba el monoplaza de Esteban Gutiérrez.

Será dificil de olvidar lo sucedido en la carrera del Gran Premio del Reino Unido. Silverstone presenció un espectáculo absolutamente lamentable, en el que los neumáticos reventaban sin ton ni son. Mercedes sacó músculo de nuevo en calificación, batiendo a ambos Red Bull, y Hamilton logró una pole estelar. Ferrari, por su parte, se hundió en tierras británicas emulando a las carabelas de la Armada Invencible en las aguas de las Islas. Las peoras de Ferrari, que costaron un título en 2012, estaban a punto de cobrarse otra víctima. La carrera, sin embargo, fue totalmente impredecible. Tras otra "magnífica" salida de Webber, perdiendo 10 posiciones, Alonso comenzó a recuperar posiciones en pista. Al menos, las ruedas sostenían con efectividad al F138 del asturiano. En la vuelta 8, Hamilton sufrió un inoportuno pinchazo en la rueda trasera izquierda, cediendo el liderato a Vettel. Dos vueltas después, Massa trompeó por el mismo motivo. Y en la 14, Vergne también reventó la misma rueda. Safety Car al canto. Aunque una mala parada anuló un adelantamiento en boxes, Alonso seguía cerca del podio hasta que, a 10 vueltas del final, Vettel, presionado por Rosberg, se quedó tirado merced a la caja de cambios del RB9. A la salida del Safety Car, la locura: Rosberg aguantó una carga brutal de Mark Webber, Alonso aprovechó para parar en boxes, calzar zapatillas nuevas, adelantar a 5 coches en 7 giros y mantener a raya a Hamilton y Räikkönen para alcanzar un podio imposible dos horas antes, e incluso hubo tiempo para un nuevo reventón, el más espectacular, obra de Sergio Pérez.

Tras 8 Grandes Premios de 19, la temporada no podía ser más emocionante, pero la clasificación era desangeladora para los que esperaran un año competido. Vettel contaba todavía con un buen colchón de puntos (172) con respecto a Raikkönen (134), Alonso (133) y Hamilton (124). Muchos aspirantes, pero nadie lo suficientemente regular como para suponer una seria amenaza. Sin embargo, lo de las ruedas clamaba al cielo. Era necesario un cambio. Pero no siempre los cambios son para bien... Lo que a posteriori aconteció, en la segunda parte del resumen.


Mi cuenta de Twitter: @adrianfm_94

No hay comentarios:

Publicar un comentario