miércoles, 20 de febrero de 2013

¡Bienvenidos a Side-by-Side!



Lo confieso. Me declaro un irredento amante del mundo del motor. Esta afirmación no cambiará la vida de quién la lea, ni le influirá lo más mínimo. Tampoco lo pretendo. Lo que si pretendo es dar a conocer a los lectores de este post, por pocos que sean, lo que me mueve a crear un blog sobre el mundo de las competiciones de motor. Es muy simple y, a la vez, terriblemente difícil de explicar. Es por esa indescriptible sensación, ese aumento del pulso cardíaco cuando los pilotos enfilan la recta de meta y se disponen a acelerar, camino de la primera curva, ese hormigueo en el estómago cuando dos monoplazas se ponen en paralelo. Ese halo de grandeza, de magnánima épica que desprenden los jinetes de las cuatro ruedas, con sus vehículos por fiel montura. Esa combinación del factor humano y mecánico que saca lo mejor y lo peor de nosotros, ya estemos directamente involucrados o seamos simples espectadores. Esa gran metáfora vital que envuelven los grandes hitos (y mitos) de cada categoría, algo casi imposible de encontrar fuera de una sala de cine. La belleza de la victoria, la amargura de la derrota... Si encuentran algo parecido en algún otro componente de esa gran máquina azul que es el planeta Tierra, no duden en comunicármelo.