viernes, 14 de marzo de 2014
Previa del GP de Australia: Pánico en las Antípodas
Ante nosotros, la temporada 2014. Por fin, el olor y el ruido (cada vez menor) de los motores, la goma quemada en los laterales de la pista, la afición esperando en las gradas las cinco luces, los mecánicos corriendo hacia boxes... La emoción increscendo que explota cuando las luces se apagan. Este fin de semana, vuelve la Fórmula 1 en un escenario ideal, pero con la incógnita por bandera. Antes, vamos a introducirles en la visión que tiene del mundo del motor el país de los canguros, de los ornitorrincos y de las aduanas exhaustivas, dónde amanece cuando nosotros nos despedimos del sol. Welcome to Australia!
Este país, al igual que las grandes potencias anglosajonas, Gran Bretaña y Estados Unidos, cuenta con una gran tradición en el mundo del motor. Las V8 Supercars es la competición más relevante del país, con pruebas en escenarios icónicos como Surfers Paradise, Mount Panorama, Adelaida... También ha provisto al planeta de grandes jinetes de las dos ruedas, tanto en MotoGP como en Superbikes. Sin embargo, al hablar de Fórmula 1, la lista se reduce. Si hay un nombre ligado históricamente a Australia y a la F1, ese es Jack Brabham. "Black Jack", apodo de origen confuso, es probablemente el gran olvidado de la Fórmula 1 de los 50 y 60. El surneogalés (topónimo del estado donde nació, Nueva Gales del Sur) compitió durante la friolera de 16 campeonatos entre 1955 y 1970, conquistando 3 títulos, en 1959, 1960 y 1966. Como anécdota, hubo que esperar a 1986 para encontrar a otro piloto que lograse dos títulos consecutivos (Prost). Tras sus éxitos con Cooper, fundó su propia escudería, logrando ganar, además de su tercer título, campeonatos con Denny Hulme (1967) y Nelson Piquet (1981, 1983), además de tener en sus filas a Graham Hill, Jochen Rindt, Jacky Ickx, Carlos Reutemann, Niki Lauda y, en su último año, Damon Hill, antes de desaparecer al término de 1992. Brabham, por cierto, es el campeón más longevo de la historia a sus casi 87 años, y el único campeón de los 50 que sigue con vida. Toquemos madera.
El otro gran hombre aussie en el Gran Circo es Alan Jones. Natural de Melbourne, obtuvo sus mayores éxitos con Williams, logrando el título en 1980, y peleando por el campeonato de 1981 hasta la última carrera. En 1985, tras varios años de especulaciones, nació por fin el Gran Premio de Australia en el circuito urbano de Adelaida, un trazado que fue muy popular entre los pilotos en una época en la que los nuevos circuitos urbanos no traían más que decepciones: Detroit, Dallas... En las 11 carreras disputadas aquí entre 1985 y 1995, Alain Prost, Gerhard Berger y Ayrton Senna fueron los únicos en repetir victoria, con Keke Rosberg ganando la primera carrera y Damon Hill la última. Adelaida fue siempre la última carrera de la temporada, y se convirtió en sinónimo de gran fiesta final de la F1, decidiendo además los títulos de 1986 (Prost a Mansell y Piquet) y 1994 (M. Schumacher a D. Hill).
Melbourne tomó el relevo en 1996, abriendo la temporada y siendo protagonista del gran cambio del año: el cambio de los semáforos "red to green" a las actuales cinco luces, para prevenir que los coches se calaran en las salidas. En las 17 ediciones celebradas en Albert Park, el GP de Australia se ha convertido, al contrario que en la era de Adelaida, en sinónimo de inicio del campeonato, viendo el debut de campeones del mundo como Jacques Villeneuve, Jenson Button, Fernando Alonso, Kimi Räikkönen y Lewis Hamilton. Sólo en 2006 y 2010 no abrió el Mundial, por causas de fuerza mayor (Juegos de la Commonwealth). Curiosamente, Damon Hill ganó la primera carrera en Albert Park, siendo el único que ganó en los dos circuitos. Michael Schumacher ha sido el gran dominador aquí, aunque no tanto como en otros circuitos (4 victorias), después de pasarse 8 años sin ganar en Australia hasta el 2000. Le sigue de cerca Jenson Button, con 3 victorias, mientras que Alonso sólo triunfó aquí en 2006. El circuito australiano, de 5.303 metros de longitud, es un semi-urbano, por lo que el asfalto mejorará con el paso de las sesiones. Un trazado de media velocidad, muy fluído, sin curvas destacables, pero con los muros cerca en muchas de ellas. Además, suele castigar con severidad la mecánica del coche y posee el mayor ratio de abandonos de todo el calendario. Y si a eso le sumamos la posible lluvia del sábado...
El domingo, Daniel Ricciardo defenderá el honor de su país en la pista. Buscará lo que durante años se le resistió a su compatriota Mark Webber: un podio en casa. Pero los focos no estarán sobre él sino sobre los grandes protagonistas de la pretemporada: Mercedes y Williams. Empujados por su poderoso motor y un buen trabajo en la mesa de diseño, parten como los grandes favoritos para llevarse el gato al agua en Melbourne. Todas las quinielas apuntan a Hamilton y Massa. Para tratar de evitarlo, Ferrari. Räikkönen y Alonso fueron primero y segundo el año pasado. Repetir un resultado similar sería glorioso. Lo fiaran todo a la fiabilidad, valga la redundancia, y a un menor consumo y buen ritmo de carrera.
Red Bull, por su lado, llega en alerta roja, con las alarmas encendidas. Una pretemporada horrorosa, peor imposible que diría Jack Nicholson, hace que el tetracampeón Sebastian Vettel llegue con la preocupación máxima de si Suzie (su RB10) podrá terminar la prueba. También habrá que estar pendientes de los otros equipos con motor Mercedes, McLaren y Force India (ojo a Magnussen y Hülkenberg), de si Lotus es capaz de solucionar sus problemas en pretemporada, de si Marussia y Caterham son capaces de dar la sorpresa, de la actuación de los tres rookies (Magnussen, Kvyat y Ericsson)... Sea como fuere, la hora de las especulaciones se ha acabado. Los coches han sido sacados de los tráilers, los pilotos han bajado de los aviones, los mecánicos ya engrasan los motores... Señores, abran juego.
Mi cuenta de Twitter: @adrianfm_94
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