La primera parte de la temporada nos había deleitado con grandes imágenes y la competición, aunque no estaba a la altura de lo visto en 2012, era entretenida. Todo esto terminó tras los acontecimientos de Silverstone. Pirelli, con el agua al cuello y el prestigio por los suelos tras ver como sus compuestos estallaban uno detrás de otro cual neumático chino barato, decidió "pasar" de la contradictoria FIA y suministrar unos compuestos con especificaciones muy similares a las del año anterior, con menos desgaste. Característica que beneficiaba sobremanera a Red Bull, con graves problemas para conservar las ruedas, y Sauber, y que perjudicó notablemente a los equipos que mejor habían trabajado con los cauchos de 2013, en especial Ferrari, Lotus y Force India, además de Mercedes, cuyo ritmo a una vuelta empezó a deteriorarse, casi tanto como la audiencia del campeonato cuando éste empezó a tener claro dueño.
De cara a la cita en Alemania, Pirelli improvisó una solución temporal que pareció funcionar. Las cosas no variaron especialmente en clasificación, con Hamilton por delante de ambos Red Bull (si bien Rosberg cayó de forma sorpresiva en Q2), Ferrari casi cerrando el top 10 y una excelente calificación de Ricciardo. En carrera, sin embargo, Hamilton no fue una amenaza para los Red Bull y fue decayendo progresivamente, a medida que los Lotus, que habían calificado bien, ejercían presión sobre Vettel. Primero, Romain Grosjean, antes de cederle el turno a Räikkönen, bajo órdenes de equipo. El finés atacó duramente a Vettel, sin éxito. Su compañero le cubrió las espaldas ante un buen Alonso que, de nuevo, hizo valer una acertada estrategia y un buen ritmo con los blandos para rozar el podio en el "infierno verde". Pero, de nuevo, fue un domingo bad luck para Mark Webber. Tras un pit stop, su rueda trasera se desprendió y casi provoca una tragedia, al golpear a un cámara de la FOM. Acabó séptimo.
El circuito de Hungaroring no es precisamente conocido por dar un espectáculo bestial, aunque con agua la cosa cambia bastante. Pero este 2013 no quería soltar el líquido elemento sobre los circuitos, y premió a la ciudad de Mogyoród, próxima a Budapest, con unas tórridas temperaturas que anulaban el factor sorpresa. Hamilton se hizo con su tercera pole consecutiva, por delante de Vettel y un Grosjean en estado de gracia. Ferrari mostraba síntomas de mejoría, con Alonso en tercera línea. En una tierra fetiche para él, Hamilton se impuso en la carrera gracias, en parte, al "trabajo sucio" de Jenson Button. El británico, sin opciones a nada relevante, apostó por salir con duros y alargar su parada, al contrario que los hombres de cabeza. Hamilton se deshizo fácilmente de él. No así Vettel, que perdió un valioso tiempo. Más tarde, perdería la segunda plaza en boxes con el inefable y siempre eficaz Räikkönen. Grosjean perdió comba al ser sancionado por un adelantamiento al límite con Felipe Massa, que aún debía parar. El motor del Mercedes abandonó a Rosberg, al que la fortuna ya había abandonado con anterioridad al golpear a Massa en la salida. Alonso, por su parte, tuvo una plácida carrera en tierra de nadie. Su coche no daba para más que un 5º puesto. Aquí empezó a asumir que 2013 era un "game over" para él.
El parón veraniego traía consigo esperanzas de que Lotus o Ferrari encontraran las piezas para seguir la estela de Mercedes y Red Bull, y evitar asi que Vettel se escapara en la general. Pero la mayor habilidad de los ingenieros de la bebida energética anularían el buen trabajo de Maranello, sin hablar de los problemas económicos que arrastraba la escudería de Eric Boullier. El Gran Premio de Bélgica, la vuelta al cole en un escenario idílico como el de Spa-Francorchamps, en pleno bosque de las Árdenas, supuso el inicio del mayor dominio que la Fórmula 1 haya conocido en sus 64 años de historia. La dificílisma clasificación en mojado volvió a entronizar a Hamilton, siendo la última vez que Vettel le respiraría en la nuca. La última pole de un coche no Red Bull. Una pole que casi acaba en manos de Paul di Resta y que fue un desastre para Alonso, que perdió el control en la última curva. En carrera, fue otra historia. Vettel adelantó a Hamilton tras Eau Rouge y se escapó. No hubo más pelea por la victoria. Alonso, que firmó una gran salida, escaló posiciones hasta superar a Hamilton, pero no pudo hacer nada por dar caza a Seb. La otra nota de la carrera fue el abandono de Räikkönen, tras 27 carreras en los puntos. Una cubierta de plástico del visor de un casco atascada en los discos de freno fue la causa.
La última parada en el Viejo Continente antes de embarcar hacia tierras orientales se produjo en el venerado templo de la velocidad de Monza. Un escenario ideal para que Ferrari desplegara todo su potencial y velocidad punta, y obtuviera una balsámica victoria. Pero Adrian Newey, ingeniero jefe de Red Bull, tenía otros planes. De golpe y porrazo, Red Bull, cuyos monoplazas siempre han pecado de falta de velocidad punta, ganó una nueva batalla en la guerra de la aeródinamica contra los motores logrando una primera fila completa, con Vettel al frente. Aún así, el motor Ferrari corre, y mucho. Bien lo sabía Hülkenberg, que puso su Sauber en tercera posición mientras su inexperto compañero volvía a despeñarse en la Q1. Massa y Alonso, por detrás, no sin controversia de por medio. Genios e idiotas aparte, Vettel dominó la carrera de principio a fin. Massa saltó a la segunda posición en la salida, pero Alonso, tras superar a Webber, dio buena cuenta de él, aunque no fue tarea fácil. El brasileño no pudo aguantar a Webber en boxes y se conformó con la 4ª posición. Hülkenberg fue capaz de aguantar a Rosberg y lograr la quinta plaza, mientras que Hamilton, perjudicado por un pinchazo y problemas con la radio, acabó 9º. Fuera de los puntos finalizó Räikkönen, en un fin de semana para olvidar de Lotus. Grosjean, al menos, si llegó a los puntos.
Las iluminadas calles de Singapur, sin molestas chicanes de por medio, presenciaron un nuevo show de Vettel. El alemán logró, con dificultades, la pole, con sus 4 perseguidores (Rosberg, Grosjean, Webber y Hamilton) en menos de medio segundo. Ferrari, a la cola del pelotón de cabeza. Räikkönen tuvo que calificar con unos horribles dolores de espalda que sólo le permitieron partir 13º. Rosberg casi logra arrebatarle la primera posición a Sebastian en la salida, pero el de Heppenheim fue más hábil. Aun más hábil, si cabe, fue Alonso, en una soberbia salida que le llevó a la tercera posición adelantando por el exterior a cuatro coches. La carrera fue una guerra de pit stops. En resumen, un auténtico peñazo. Alonso sobrepasó a Rosberg en boxes, pero la emoción llegó con el Safety Car provocado por Ricciardo, que pilló desprevenido a Vettel. Aún tenía que parar, y tenía detrás a toda la parrilla. El alemán sacó el bazooka y a un ritmo sideral de 2 segundos por vuelta más rápido que el resto, logró la suficiente ventaja para parar, mantener el liderato y aventajar a Alonso (por tercera vez seguida en el segundo cajón del podio) en 32 segundos. Imparable, su exhibición causó el recelo del paddock, aun estando recientes el escándalo de Malasia y los pitos de la afición en Monza. En contraste, Mark Webber se quedó tirado a pocos giros del final, siendo recogido por el F138 del bicampeón español cual taxi a domicilio. Button y Räikkönen avanzaron numerosas posiciones al copiar la estrategia de Alonso en boxes, pero el británico se hundió, dando la plaza de podio al "finlandés volador".
Con el campeonato prácticamente decicido y las luchas centradas en cuitas varias (como el subcampeonato de pilotos y constructores), las últimas seis pruebas parecían un mero trámite. En Corea, Vettel logró la pole por delante de Hamilton y dominó la prueba, aunque esta vez de forma más moderada, 4 segundos por delante de Räikkönen, que remontó desde el décimo puesto y Grosjean, que dejó pasar a su compañero al final. Mercedes tuvo una carrera discreta, con Hamilton en quinta posición atascado tras un genial Hülkenberg. Alonso, en una carrera poco lúcida, sólo fue sexto. Suzuka fue el lugar donde Webber decidió aparecer con una magnífica vuelta para batir a Vettel, con Hamilton y Grosjean a sus espaldas, mientras Alonso y Räikkönen naufragaban de nuevo. En la salida, Grosjean se puso al frente de ambos Red Bull y lideró durante gran parte de la carrera. Las opciones de Webber se vieron torpedeadas por la estrategia, mientras que Vettel adelantó al francés a 12 vueltas del final, para imponerse por delante de Webber y el francés, que tiró como un demonio... pero no llevaba un Red Bull. Hamilton abandonó tras un pinchazo tempranero y Alonso logró un buen cuarto puesto, polémica con Massa incluída.
Sólo le hacía falta un quinto puesto a Vettel para proclamarse campeón en la India, pero no quiso arriesgar. Aplastó durante todo el fin de semana a la competencia, logrando la pole con 7 décimas de ventaja sobre los Mercedes (Alonso 8º), y ganando sobre Rosberg y Grosjean con medio minuto de ventaja. Alonso acabó fuera de los puntos por un toque con Webber en la salida, Pérez finalizó en un buen quinto puesto y a Hamilton le traicionaron las ruedas, acabando 6º. La noticia fue la ya legendaria celebración de Vettel en la línea de meta del circuito de Buddh, marcándose unos donuts para deleite de la afición local. Algo raramente visto en el gran circo, y más propio del automovilismo americano, donde es parte fundamental del "show" del ganador. Sus reverencias no dejaban dudas. El RB9 era EL coche. Con su toga de campeón recién estrenada, en Abu Dhabi Webber volvió a arrebatarle la pole, con la lejana competencia de Mercedes. Alonso ni siquiera pasó a la Q3. En carrera, sorprendió el abandono de Räikkönen, accidentado tras un toque con Van der Garde. Sería la última carrera del finlandés en Lotus, que ya había amenzado con no correr si no se le pagaba lo que se le adeudaba, y que decidió adelantar su operación de espalda. Vettel pasó a Webber en la salida y tuvo otra confortable victoria, liderando otro 1-2 de RB, con Rosberg conservando la tercera plaza. Alonso fue capaz de remontar hasta el 5 lugar, con alguna que otra maniobra arriesgada que le hizo acabar en camilla.
Quizá 2013 no sea un año memorable para muchos aficionados. El dominio incontestable de Sebastian Vettel en la segunda parte del campeonato formará parte de los libros de historia, pero no hubo una
competencia que engrandeciera este hito. Si acaso, 2013 fue el año que vio a Mercedes dar el paso adelante que se le exigía desde hace 4 años, el año en que una marca de neumáticos se convirtió en protagonista involuntaria del campeonato, el año en que Alonso tiró de regularidad ante la falta de brillantez de años anteriores, el año en que McLaren aprendió a perder, el año en que Lotus fue algo más que una piedra incómoda en el zapato, el año en que Hülkenberg se confirmó como uno de los mejores pilotos de la parrilla, el año en que los V8 se despidieron, quien sabe si para siempre... Pero sobre todo, fue el año en que don Sebastian Vettel igualó al mito, a Alain Prost, y empieza a amenazar los tronos de Fangio y Schumacher. 2014 será otra página de la historia, la número 65. Y promete ser aún más apasionante. Nuevos retos, nuevos coches, nuevos (y viejos) héroes... Ojalá, y solo ojalá, desde su habitación en Grenoble, Schumi pueda presenciarla. Y nosotros con él.
Mi cuenta de Twitter: @adrianfm_94.






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